lunes 23 de febrero de 2009

Una hstoria de mis orígenes

Hoy al despertar, luego de haber aprontado mi mate como todas las mañanas, enciendo mi pc para chequear mi correo y me encuentro con un correo de mi Tití (Zulema Carobillano Sorroquieta).
Mi Tití reside en Vigo desde hace unos 7 años y siempre me escribe y reclama que yo lo hago poco...
Hoy me sorprendió, conmovió y emocionó mucho con esta historia, un relato que habla de mis orígenes, habla de mi abuela materna, Dominga, vasca divina, te extrañooo!!!!!
Gracias Tití!!!!!!
Quiero compartirlo con uds.
Daniel


La casita de los abuelos
(SOPUERTA-VIZCAYA)
2009 - La casita de los Sorroquieta en Euzkadi

"En el año 1918 con la gripe española, mis abuelos maternos Plácido Sorroquieta e Ignacia Llona fallecieron día por medio, dejando 6 hijos: Rosario de 17 años que quedó en Bilbao, mi madre Dominga de 15, Juan de 10, Marcelo de 8, José Mari(Petiso) de 6 y Emilio de 4.
Ella nos contaba a mí y a mi hermana que a su padre lo sacaron por la ventana para que su esposa no viera que había muerto y siempre decía: “mi madre murió de pena, sólo pidió despedirse de los dos más pequeños”, eso le dolió mucho.
Recién cuando mi madre estaba en sus últimos momentos, le reprochaba a la suya: “¡que egoísta fuiste madre, no pensaste que nos dejabas a nosotros!”, porque mi abuela decía: “¡llévame Plácido contigo!”, eso jamás nos lo había contado.
Mi abuelo trabajaba en las minas y mi madre recordaba que ella y su hermana Rosario le llevaban la comida, iban por el monte siguiendo el camino que les había indicado su padre, pero mi tía siendo mas audaz siempre quería ir por otro lado, a lo que mi madre le decía, “¡por allí dijo padre que no!”. Luego cuando su padre llegaba les daba su recompensa, una barra de chocolate con pan, lo mismo que para Reyes.
Siempre recordaba a su padre con mucho amor pero a su madre no, tal vez por ese dolor que tenía dentro.
En el pueblo su madre se ocupaba de los manteles bordados de la iglesia los cuáles lavaba y planchaba con almidón y mi madre y mi tía se encargaban de preparar el altar para que el párroco diera la misa. El día de la muerte de mi abuela, mi madre y mi tía Rosario oyeron las campanas de la Iglesia y dijeron: “ha muerto la madre”, porque era costumbre dar las campanadas cuando alguien moría.
Cuando pasó todo, nadie se quería hacer cargo de los niños y una tía dijo: “póngalos en un portal que alguien se los va a llevar”. A todo esto el tío Julián, hermano de mi abuelo, que con su esposa iban a venir a Argentina, se hizo cargo de los cinco menores.
En definitiva viajaron a Uruguay porque allí tenían muchos vascos conocidos que le ofrecían todo su apoyo: las familias Ongay, Borderre y Astiazarán y así fue que en el año 1919 llegaron en el vapor ‘Buenos Aires’ en un viaje que duró casi un mes.
Durante el viaje, uno de los pequeños estaba algo brotado y en la policlínica del barco les dijeron que si lo veían al bajar no le iban a permitir salir, mamá se puso muy mal porque ella hizo de madre desde que quedaron sin sus padres, siempre los protegió hasta de hombres.
En cuanto a la esposa del tío Julián (el que nos trajo) fue para todos nosotros la abuela Josefa y la adorábamos, En el pueblo quedó la mayor Rosario, sin nadie sólo sus padrinos, mí madre adoraba a aquella hermana y siempre le escribía pidiéndole que se viniera con ellos, pero nunca llegó ese momento. hasta que empezó a tener problemas de la vista y me pidió a mí que escribiera por ella, Así lo comencé a hacer con 11 años.
Ella me decía lo que tenía que escribir, pero pasados unos meses era como si los conociera de toda la vida debido a ese amor que me transmitió mi querida madre.
Yo siempre le prometía que cuando pudiera la iba a llevar a su pueblo pero me fue imposible, desde los 11 años que empecé a escribir me impuse ir a conocer ese pueblito de Sopuerta en honor a mi madre, así que con 47 años, en 1989 pude viajar con mi hija y mi esposo y allí afloraron muchos sentimientos y le hablaba a mi madre y le decía, “mamá aquí estoy en tu pueblito por ti” y un nudo me apretaba la garganta.
Así también llegue a conocer a mis cuatro primos: María Luisa, Ramiro, Paco y Juan Mary y a sus familias ya que mi tía no vivía ¡cuanto me hubiera alegrado conocerla!
Mamá nunca supo que su hermana había muerto. El día que llamaron de Bilbao para avisar de su fallecimiento, ella fue a atender, pero mi hermana le cogió el teléfono y ahí se enteró de la noticia. Mi madre ya no estaba muy bien de su cabecita, pero siempre dijo que esa llamada era para avisar que su hermana había muerto, hasta que la convencimos de lo contrario.
De no haber sido por mí y mis tantas cartas jamás hubiéramos conocido a esa gran familia que tenemos en Euzkadi.
También me contó mi prima María Luisa, que su madre antes de casarse estuvo a punto de ir a Uruguay junto a sus hermanos porque extrañaba mucho y se sentía muy sola, pero una noche soñó que se hundía el barco y a partir de ahí desistió, su miedo pudo más y no le permitió unirse a sus hermanos,
Al pasar los años sus hijos querían que fuese a verlos, incluso vino el párroco de la iglesia para convencerla pero no quiso, ya tenía muchos años.
Fuimos con gran parte de la familia de allí en busca de la casita, pero ellos no sabían dónde quedaba ni cuál era, porque su madre nunca más quiso ir por ahí, siempre decía que todo había sido tan triste que no quería volver a recordarlo.
Entonces empezamos a buscar, primero en un pueblito y luego en otro hasta que encontramos a una señora mayor y le preguntamos si conocía una familia que tenía seis hijos y que sus padres murieron de gripe día por medio y cual fue nuestra sorpresa que enseguida nos dijo: “¡como no! jamás me voy a olvidar, yo era pequeña cuando eso sucedió y estaba en la escuela con Juan y Marcelo” (dos de mis tíos) y siguió diciendo: “yo vi cuando sacaban a su padre por la ventana”.

Realmente no sé que pasó por la mente de mis primos, sé lo que pasó por la mía, fue algo que no puedo explicarlo, tristeza, muchas ganas de llorar y solo recordar a mi madre, a mis tíos pequeños y los tristes momentos que pasaron. Me agaché y cogí un montoncito de tierra y quité un trozo de adobe, pensando siempre en mi madre pues allí había pisado ella y más que nada en su tristeza. Estoy segura que desde allá arriba en ese momento, se sentía feliz.
Ahora yo estoy viviendo en Galicia y en enero volví a ir con una prima hermana y mi nieta, que querían conocer la familia y la casita y me alegré de haber ido porque la van a tirar abajo, así que este fue mi último viaje a la casita de los abuelos.
Siempre pienso en la madre buena, trabajadora y abnegada que tuvimos, una vasca a la que quería todo el barrio Arroyo Seco y ella adoraba Uruguay y siempre nos decía: “yo a este país lo quiero porque gracias a él las tengo a vosotras, que son mi vida”.
Mi "abuela" Josefa se vino con mi madre y mis cuatro tíos a Montevideo y ahí llegaron al querido barrio Arroyo Seco en la calle Palleja y General Luna, donde mi madre llegó a casarse y pasó a vivir a General Luna y Millán. dónde nació mi hermana.
Luego se mudaron a General Luna y Zapicán y allí nací yo.
Dominga, mi madre, trabajó en la perfumería Algorta durante varios años donde era muy querida y yo seguí sus pasos trabajando allí durante 14 años.Mis tíos Juan y Marcelo trabajaron toda la vida juntos en la misma empresa (estaban tan unidos que cuando le llegó la hora a mi tío Juan, Marcelo a los 6 meses se fue con él), mi tío Petiso regenteaba un bar y mi tío Emilio era mecánico-tornero,
Todos ellos eran muy queridos, siempre vivieron en el Arroyo seco y frecuentaban el Giribar. A pesar de todo lo que pasaron eran muy alegres, muy amigos de sus amigos y como mi madre, supieron hacerse querer por todo el barrio.
Estos son los más importantes de mis recuerdos, para mí son muy valiosos porque sé de dónde vengo y porque quedarán para mis nietos que junto a mi hija es lo que mas adoro."

Zulema Carobillano Sorroquieta - Vigo - 2009